Historia de Felipe II, rey de España, Volumen1

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Pasajes populares

Página 63 - Mientes tú y quien te lo mandó decir: traidores no, mas celosos del bien público sí, y defensores de la libertad del reino...
Página 3 - Barca, caballero gran cruz de la Real y distinguida orden de Carlos III y de la de Isabel la Católica, Senador del Reino, y su primer Secretario del Despacho de Estado, etc., etc., etc.
Página 427 - Porque queremos tener relación del estado » en que al presente están las cosas de ese reino , y lo que convenía » proveer para el remedio de ellas , os encargamos que en reci» biendoesta os pongáis en camino, y vengáis luego á esta nuestra » corte para informarnos de lo que está dicho , como persona que » tiene tanta noticia de ellas : que en ello , y en que lo hagáis con » toda la brevedad, nos tememos por muy servidos. Dada en Mart drid á 3 de setiembre de 1569.
Página 391 - Luis del Marmol Carvajal, Historia del rebelion y castigo de los moriscos del reino de Granada, in Biblioteca de Autores Espanoles, (Madrid, 1 946, orig.
Página 174 - Milan bajo un arco de triunfo con el cardenal de Trento á la derecha, y el duque de Saboya á la izquierda.
Página 98 - Castilla, estudia los reinados de los cuatro monarcas a quienes él prestó sus servicios personales : don Pedro el Cruel, don Enrique II, don Juan I y don Enrique III.
Página 56 - Fué un rasgo de habilidad en los comuneros el haberse apoderado de la reina doña Juana , que era la propietaria y cabeza de partido para los descontentos con el emperador, á quien no querían conceder el título de rey en vida de su madre.
Página 196 - Felipe nuevo rey, mas no nuevo gobernante; pues casi desde su infancia se habia familiarizado con los negocios y debia de conocer los hombres y las cosas.
Página 184 - El cual podía sentir menos gusto, porque si bien la reina era santa, era fea y vieja, que tenía cumplidos treinta y ocho años. y el rey por extremo galán y mozo, que no pasaba de veinte y siete. Hizo en esto lo que un Isaac, dejándose sacrificar por hacer la voluntad de su padre, y por el bien de la Iglesia.
Página 163 - Ya hemos visto que el gran principio invocado y alegado por los reformadores era que nadie tenia derecho para erigirse en autoridad sobre la interpretacion de la Escritura.

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